30 julio, 2015

Cuaderno de viaje de la Ruta de la Seda

Pocas cosas resultan más apreciadas para el viajero que su cuaderno de notas. Y aunque el blog de aula ya hizo en parte ese papel, tal vez faltaba este post para contar la siguiente experiencia, la que nos llevó a la ruta más milenaria. En realidad, se trata de recoger las anotaciones que iba dejando en mi moleskine, a la manera de Chatwin y Theroux. Ellos, como escritores, reflejaron buenos viajes literarios; pero algunos maestros, en la medida de lo posible, solo intentamos ser unos sencillos viajeros pedagógicos, si las leyes lo consienten.

Creo que fue en Saidabad donde se preparó el gran viaje de esta experiencia. No lo sabíamos en aquella ocasión, pero un año después empezó todo. Y así nació la historia de Ismaíl en la Ruta de la Seda: un proyecto de cuentos, geografías y músicas, de animación a la lectura y la escritura, una invitación al aprendizaje tecnológico.

La princesa Leitzu, también llamada Xi Lingshi, hizo de guía para saber de más personajes de los cuentos de ese mundo y de su geografía humana y física. En otros tiempos, con mucha facilidad podía uno desorientarse en los desiertos de la Ruta de la Seda, en sus gigantescas montañas, en sus abismos y glaciares. Nosotros, por suerte, viajamos seguros desde las mesas del aula y desde nuestras casas: China, Mongolia, India, Paquistán, Asia Central, Irán, Irak, Líbano, Israel, Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos y, por fin, España. Y Galicia, claro.

De todas las ciudades, Samarcanda fue una de las que más nos sorprendió. Sin olvidar, por supuesto, lugares tan increíbles como la Gran Muralla china, el desierto de Takla Makan, la cordillera de Altai, el monte Elbrus, la ciudad perdida de Petra, las pirámides de Egipto junto al río Nilo o el mayor de los desiertos, el Sáhara.

Las exploraciones individuales de los niños y niñas transformaron el viaje, puesto que ellos fueron los verdaderos artífices. Y en muchos momentos todos aprendimos de todos: con presentaciones, con historias encontradas, con creaciones artísticas, con diseños digitales. En el blog de aula hay registradas hasta 21 exploraciones individuales y colectivas, pero hubo algunas más que guardamos en nuestra memoria, como si se tratara de algún tesoro único. Igual que conservamos los mapas de este viaje, los cuentos que leímos y los libros que pudimos escribir. De hecho, constituyen nuestra cartografía imaginaria de la Ruta de la Seda…

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